The Choice to be Vulnerable (also in Spanish)

BY FR. BRIAN ZUMBRUM, OSFS

25th Sunday in Ordinary Time | September 23, 2018

NOTE: This week, Fr. Brian’s homily is available both in English and Spanish. To read the Spanish version, please scroll down.

See today’s readings here. This homily focuses on the Gospel reading. The archive of all of Fr. Brian’s homilies can be found hereSalesian Sermons

What child do you see when you picture Jesus placing a child in the midst of his disciples?

If you had asked me this question 15 years ago, I would have thought of myself as a young child.  Innocent, trusting, grasping the hand of Christ as I walked by his side.

But when I went to answer this question again this week, I realized that my answer had changed.

For the first person that I thought of was one of my students.

See for the past five years, I have worked at Nativity Prep in Wilmington, DE.  Nativity is a tuition-free school run by the Oblates of St. Francis de Sales, designed to serve low-income middle school boys from predominantly urban neighborhoods.

And in the course of my time there, there have been countless students and stories that have changed me completely.

But one student in particular just happened to come to mind when I read this Gospel.

Now, to be fair, this young man is no longer the child that I first met years ago.

And since his graduation, he has endured more than I can adequately put into words.

He has known the sting of poverty, often finding himself shuttling between different apartments.

He has experienced violence on a scale that traumatizes me as an adult.  He has been shot at.  His own cousin, a graduate of our school was murdered.  And he has buried dozens of friends and associates over the last few years.

And he has experienced the full weight of a legal system arrayed against him.

No, this young man is not innocent.  And sadly, he is no longer trusting.

But in this young man, I have learned a whole different lesson about children.

Which is that children are by their very definition vulnerable.  Especially the children of the poor.

They do not possess the illusion of power or control.  They do not have the luxury of safety nets and security blankets that come from our wealth, our education, our status.

And so the hands they choose to grasp they do so with a vice-like grip, terrified that if they let go, they will plunge into an abyss.

For they are acutely aware of their need of another.  Of their need for a God who will be their comfort and their strength, their justice and their hope.

And in my student’s vulnerability, I look at this Gospel in a whole new light.

For what if the child placed in the midst of the disciples is not a reminder of innocence, but a blunt reminder of our own vulnerability?

Shattering the notions the disciples had developed of their own superiority, of their own greatness.

By reminding them of the truth that we so often work to deny.

Which is that at the end of the day, we too lack so much of the control and power that we presume we have.

That all of the safety nets we build to protect us from the world are not foolproof.  

That we need each other and our God for we were never meant to try to do this on our own.  We were never made to be self-sufficient.  

I have been reminded of this truth daily, by these children I have had the privilege of serving each and every day.

And I am honored to extend that hand and allow it to be gripped by a kid striving to become who God calls them to be.

For these children have reminded me of what it means to have faith.  To extend my hand into the arms of a loving God and trust that I will find a vice-like grip that will carry me through the hills and valleys that lie ahead.  To extend my hand into the arms of a colleague, a friend allowing them to draw me close, lay down my burdens, and laugh or grieve until tears run freely down my face.

And to extend my hand into the open arms of this community that has provided me with the means to do this work each and every day.

You my friends, through the support of the annual appeal each year which we collect this day, allow me to do my work with Nativity Prep.  You make our lives, as Oblates possible. 

So that we together can keep teaching our young.  Caring for our elderly. And serving the poor, the immigrant, the child, the vulnerable in our midst.

So thank you.  Thank you for your own choice to be vulnerable.  To extend your hand and grip my own.

May we together grasp the hand of our loving God as we continue our work to build the kingdom to which we are all called.

May God be Praised.


XXV Domingo ordinario | 23 de septiembre 2018

¿Qué niño ves cuando ves a Jesús colocando a un niño en medio de sus discípulos?

Si me hubieras hecho esta pregunta hace 15 años, me hubiera considerado un niño pequeño. Inocente, confiado, agarrando la mano de Cristo mientras caminaba a su lado.

Pero cuando fui a responder esta pregunta nuevamente esta semana, me di cuenta de que mi respuesta había cambiado.

Para la primera persona que pensé que era uno de mis alumnos.

En los últimos cinco años, he trabajado en Nativity Prep en Wilmington, DE. Nativity es una escuela sin matrícula, administrada por los Oblatos de San Francisco de Sales, diseñada para servir a niños de escuelas intermedias de bajos ingresos de vecindarios predominantemente urbanos.

Y en el transcurso de mi tiempo allí, ha habido innumerables estudiantes e historias que me han cambiado por completo.

Pero un estudiante en particular me vino a la mente cuando leí este Evangelio.

Ahora, para ser justos, este joven ya no es el niño que conocí hace años.

Y desde su graduación, ha soportado más de lo que yo puedo expresar con palabras.

Él ha conocido el aguijón de la pobreza, a menudo se encuentra yendo y viniendo entre diferentes apartamentos.

Él ha experimentado violencia en una escala que me traumatiza como adulto. Le dispararon. Su propio primo, un graduado de nuestra escuela fue asesinado. Y ha enterrado a docenas de amigos y asociados en los últimos años.

Y ha experimentado todo el peso de un sistema legal contra él.

No, este joven no es inocente. Y lamentablemente, ya no confía en él.

Pero en este joven, he aprendido una lección completamente diferente sobre los niños.

Que es que los niños son, por definición, vulnerables. Especialmente los hijos de los pobres.

No poseen la ilusión de poder o control. No tienen el lujo de redes de seguridad y mantas de seguridad que provienen de nuestra riqueza, nuestra educación, nuestro estado.

Y así, las manos que eligen agarrar lo hacen con un agarre como de vicio, aterrorizadas de que si se sueltan, se sumergirán en un abismo.

Porque son muy conscientes de la necesidad de otro. De su necesidad de un Dios que será su consuelo y su fuerza, su justicia y su esperanza.

Y en la vulnerabilidad de mi alumno, miro este Evangelio desde una perspectiva completamente nueva.

Porque si el niño colocado en medio de los discípulos no es un recordatorio de inocencia, sino un recordatorio contundente de nuestra propia vulnerabilidad?

Rompiendo las nociones que los discípulos habían desarrollado de su propia superioridad, de su propia grandeza.

Recordando la verdad que tantas veces trabajamos para negar.

Que es que al final del día, nosotros también nos faltamos tanto control y poder que suponemos que tenemos.

Que todas las redes de seguridad que construimos para protegernos del mundo no son infalibles.

Que nos necesitamos los unos a los otros y a nuestro Dios porque nunca se suponía que intentáramos hacerlo por nuestra cuenta. Nunca fuimos hechos para ser autosuficientes.

Todos los días me han recordado esta verdad a través de estos niños a los que he tenido el privilegio de servir cada día.

Y me siento honrado de extender esa mano y permitir que sea agarrada por un niño que se esfuerza por convertirse en lo que Dios llama que sea.

Para estos niños, me han recordado lo que significa tener fe. Para extender mi mano en los brazos de un Dios amoroso y confiar en que voy a encontrar un agarre de vicio que me llevará a través de las colinas y valles que se encuentran por delante. Para extender mi mano en los brazos de un colega, un amigo que les permite acercarme más, dejar mis cargas, y reír o llorar hasta que las lágrimas corran libremente por mi rostro.

Y extender mi mano en los brazos abiertos de esta comunidad que me ha proporcionado los medios para hacer este trabajo todos los días.

Ustedes mis amigos, a través del apoyo de la apelación anual de cada año que recolectamos este día, me permiten hacer mi trabajo con Nativity Prep. Haces nuestras vidas, como Oblatos posibles.

Para que juntos podamos seguir enseñando a nuestros jóvenes. Cuidando a nuestros ancianos Y sirviendo a los pobres, al inmigrante, al niño, a los vulnerables en medio de nosotros.

Así que gracias. Gracias por tu propia elección de ser vulnerable. Para extender tu mano y agarrar la mía.

Que juntos agarremos la mano de nuestro amoroso Dios mientras continuamos nuestro trabajo para construir el reino al que todos somos llamados.

Que Dios sea alabado

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