HOMILY: What are We Building? (Spanish & English)

18th Sunday in Ordinary Time | July 30/31, 2016

Fr. Brian Zumbrum’s homilies and reflections are posted weekly at Leaven in the World. To see the archive of all his posts, just click here: Salesian Sermons

PROTIP: You can take a look at the Sunday readings here. This homily focuses on the Gospel reading.

I still remember the first time I took my vows as an Oblate of St. Francis de Sales.

I remember kneeling in Salesianum High School in Wilmington DE, surrounded by family, friends, and brother Oblates, as I vowed for one year chastity, poverty and obedience.

I had spent a year studying the vows and thought that I knew what I was getting into.

But I’ve come to realize that I may have studied the vows in seminary, but I didn’t really understand the vows until I began teaching.

Because as a teacher and vice principal, I have come to truly understand what it means to be perpetually poor.

It seems that over the last few years, every spare dollar in my pocket has flowed back to my students in one way or another.

I have purchased bus passes and ordered lunches.

I have treated kids to ice cream and dinners, movies and amusement parks.

I have bought prom tickets and paid for application fees and funded funeral services.

If a kid needed it, I would find a way to pay for it. Even if that meant sacrificing what I intended to spend on myself.

So one day in March, I was looking a little rough. My cell phone was dying, my shoes had holes in them, I desperately needed a haircut, and I was wearing dress pants that I had bought in college.

One of the new kids looked at me and said, do they pay you here?

Before I had a chance to respond, one of the 8th graders retorted. Sure they do, he just chooses to spend it all on us.

The young kid was a tad surprised by this answer and asked a rather obvious question . . . why?

And once again, the 8th grader responded on my behalf. Because we are his kids. And he loves us.

I thought about that interaction a lot as I listened to the readings for this weekend.

For in many ways, these readings are grappling with the same question that my students were grappling with.

What is our treasure?

How we answer that question will shape our relationship to our God, our Church, our family, our friends, our work, our world, and our possessions.

And there is no quick and easy answer to it.

For we live in a world in which money is a real and unavoidable part of our existence.

We need money to put food on our table and gas in our car.

We need money to pay for college tuition and assisted living.

We need money to pay our medical bills and keep the lights on in the house.

It seems that everything has a price. Everything comes with a cost.

But if today’s readings teach us anything, it is that money and possessions should always remain at the service of that which has a higher value.

Our relationships.

Our relationships with our family and friends, of course. But also our relationships with the Body of Christ, with each and every other human being who is united to us because of our common identity as children of God.

At the end of the day, all that we possess should be at the service of our true treasure, our God and each other.

Anything else is vanity.

For at the end of the day, all else will fade. We will leave behind the IPhones and PS4s, the house, the cars, the bank accounts and the family jewels.

But what will always journey with us are the people whose lives we made better by living our own.

The mom who worked two jobs so that her daughter could be the 1st one in the family to go to college.

The grandfather who borrowed from his pension to pay for his grandson’s addiction treatment.

The little child who donated her allowance to a school struggling to rebuild after the earthquakes in Ecuador.

The nurse who bought flowers for the patient who has no one to visit them.

The young adult who forgoes the better paying job to keep working at the non-profit that he loves.

My friends, today we are asked to look at our own lives and the treasure that we are accumulating.

Are we building up the bonds that unite us as the Body of Christ or are we simply building more barns? May God be Praised.

En Espanol:

Yo todavía recuerdo la primera vez cuando tome mis votos como un Oblato de San Francisco de Sales.

Yo recuerdo arrodillarme en la escuela secundaria Salesianum en Wilmington DE, rodeado de mi familia, mis amigos, mis hermanos Oblatos, mientras prometía un año de castidad, pobreza, y obediencia.

Yo había estudiado los votos por todo un año y pensaba que sabia lo que me esperaba.

Pero he venido a realizar que estudie los votos en el seminario, pero que yo no los entendí hasta que empecé a enseñar.

Porque actuando como maestro y vice principal, yo finalmente he entendido cual es el significado de ser perpetuamente pobre.

Parece que en los últimos años, cada dólar que sobraba en mi bolsillo siempre fluía de regreso a mis estudiantes in una forma u otra.

Yo he comprado pases de autobús y ordenado almuerzos.

Yo he invitado a los estudiantes para helados y meriendas, películas y parques de atracciones.

Yo he comprado boletos para bailes, he pagado cuotas de aplicaciones, y fundado servicios funerales.

Si un chico lo necesitaba, yo encontraba la manera de pagarlo. Incluso si resultaba que sacrificara esa cosa que yo tenia pensado en comprar.

Así que un día en Marzo, mi apariencia no era de lo mejor. Mi teléfono celular me estaba fallando, mis zapatos tenían hoyos, desesperadamente necesitaba un corte de pelo, y traía puestos unos pantalones que yo había comprado durante la universidad.

Uno de los estudiantes nuevos me miro y dijo, le pagan aquí?

Antes de que le pudiera contestar, un estudiante del octavo grado dijo, Claro que si, pero el elige gastarse el dinero en nosotros.

El chico joven se veía sorprendido por la respuesta y pregunto la pregunta tan obvia . . . porque?

Y otra vez, el chico mayor respondió por mi. Porque somos sus chicos. Y el nos quiere mucho.

Yo pensé mucho sobre esta situación mientras escuchaba las lecturas de este fin de semana.

Ya que de muchas maneras, estas lecturas se tratan de la misma pregunta que mis estudiantes se hacían.

Cual es nuestro tesoro?

La manera de que nosotros respondamos esta pregunta dará forma a nuestra relación con nuestro Dios, nuestra Iglesia, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestro mundo, y nuestras posesiones.

Y no hay ninguna respuesta rápida ni fácil.

Ya que vivimos en un mundo donde el dinero es una parte real e inevitable de nuestra existencia.

Necesitamos dinero para poner comida en le mesa y gasolina en nuestro coche.

Necesitamos dinero para pagar la matricula universitaria y la vida asistida.

Necesitamos dinero para pagar nuestros gastos médicos y tener las luces encendidas en nuestros hogares.

Parece que todo tiene un precio. Todo viene con un precio.

Pero si las lecturas del día de hoy nos enseñan algo, es que el dinero y las posesiones siempre deben de estar al servicio a esa cosa que tiene un mayor valor.

Nuestras relaciones.

Nuestras relaciones con nuestras familias y nuestros amigos, claramente. Pero también nuestra relación con el Cuerpo de Cristo, con cada otro ser humano quien esta unido a nosotros por nuestra misma identidad de ser hijos de Dios.

Al fin del día, todo lo que poseemos deberá de estar al servicio de nuestro cierto tesoro, nuestro Dios y cada otro ser.

Todo lo demás es vanidad.

Ya que al fin del día, todo lo demás se desaparecerá. Dejaremos atrás los iphones y playstations 4, la casa, los coches, las cuentas bancarias y las joyas familiares.

Pero lo que siempre vendrá con nosotros serán las personas cuyas vidas hemos mejorado viviendo nuestras vidas.

La madre quien tenia 2 trabajos para que su hija fuera la primera de la familia en asistir la universidad.

El abuelo que tomaba prestado de su pensión para pagar el tratamiento de adicción de su nieto.

La niña que dono su dinero ha una escuela luchando a restablecerse después del terremoto en Ecuador.

La enfermera quien compro flores para el paciente que no tenia quien lo visitara.

El adulto joven que renuncia un trabajo con mejor sueldo para trabajar en el lugar que no es lucrativo porque ama su trabajo.

Amigos, el día de hoy se nos pide analizar nuestras vidas y el tesoro que acumulamos.

Estamos construyendo los cautiverios que nos unen como el Cuerpo de Cristo o simplemente mas granjas.

Alabado sea Dios!

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