HOMILY: Too Much

NOTE: This week, Fr. Brian’s homily is available both in English and Spanish. To read the Spanish version, scroll down!

Fr. Brian Zumbrum’s homilies and reflections are posted weekly at Leaven in the World. To see the archive of all his posts, just click hereSalesian Sermons

17th Sunday in Ordinary Time | July 25/26, 2015

PROTIP: Before reading on, be sure to take a look at the readings here. This homily is based on the Gospel reading.

So over the course of my life, I have been accused of being a bit much.

And to be fair, I understand the accusation.

I am a talker.  Loud.  And, let’s be honest, I’ve always had a bit of a flair for the dramatic.

Nevertheless, I have always found this comment somewhat fascinating.

It seems that in that critique people are trying to ask me to tone it down a bit.  Make a lower profile.  Blend in with the crowd.

It seems that many of us are wary of those who make a scene.  Of those who stand out.  Of those who are a bit much.

But what’s funny is that all too often, I have often felt just the opposite.

I have often felt too little.

I have felt inadequate in the face of the challenges that lie before me.

Truly, how can one person make a difference . . .

In breaking the cycle of poverty?

In fixing the crisis that is urban education?

In revitalizing a Church that is slowly becoming irrelevant to the majority of my generation?

Like the disciples in the Gospel, I have looked at my own meager offerings and said, it is not enough.

But in my focus on the disciples, in my focus on myself, I can easily forget the primary focus of our readings for today.

God.

God working in and through His Son Jesus Christ.

God who is not fazed by the inadequacy of his disciples.

God who showers his blessings upon his people with an almost reckless abandon.

It was not enough to simply feed the crowd.

God goes way overboard.  Lavishing his disciples with an abundance that cannot be contained.

On one level, this miracle doesn’t make any sense.  Why would God be so extravagant?  Why would He be so dramatic?

I’m sure there were other ways by which God could have fed the crowd.

By all accounts, God was too much.

But maybe that is exactly the point.

Maybe the call to discipleship is a call to be too much.

To be too generous.

To be willing to give of our time and our expertise to our children who need tutored, our elderly who need companionship and our homeless who need someone to make them a warm meal and put a roof over their head.

To be willing to give of our resources to those whose need is greater than our own.  To the countless children around the world who die each day of hunger and preventable diseases.  To the neighbors in our own backyard who struggle to pay the bills.

To be too forgiving.

To those who have broken our heart and betrayed our trust.  To those who have judged us, slandered us, and wounded us.  To those who have stolen our innocence and our future.

To be too patient.

With trying toddlers and aging parents.  With rebellious teens and angst ridden twenty-somethings.  With our prejudiced friends and our clueless colleagues.

To be too compassionate.

To risk looking like a fool as we dare to listen and understand those who are radically different from us.

To risk looking naive by trusting the good intentions of those we fundamentally disagree with.

To risk judgement by standing beside those who are judged for the choices they have made, the color of their skin, the circumstances of their birth or the clothing that they wear.

To be too much for the sake of the God who is always willing to be too much for us.

And in so doing we may just find that God is still working some pretty dramatic miracles through all of us.

May God be Praised.

XVII Domingo Ordinario | 26 de julio 2015

Las lecturas del domingo están aquí. Esta homilía se centra en temas en la lectura del Evangelio.

Así que en el transcurso de mi vida, he sido acusado de ser un poco INTENSO.

Y para ser justos, yo entiendo la acusación.

Yo soy un hablador. DE ALTAVOZ (Ruidoso). Y, seamos honestos, siempre he tenido un poco de  gusto por lo dramático.

Sin embargo, siempre he encontrado este comentario,  fascinante.

Parece que en esa crítica LAS personas están tratando de pedirme que baje  el tono un poco. Asi  puedo  Mezclarse  mejor con la GENTE.

Parece que muchos de nosotros somos cautelosos de aquellos que hacen una escena. De los que se destacan. De los que son un poco mas INTENSOS

Pero lo curioso es que con demasiada frecuencia, he sentido  lo contrario.

Y muchas vecez me a  sentido muy poco.

Me he sentido inadecuado para darle  frente a los desafíos que tenemos por delante de mí.

En verdad, ¿cómo puede una persona hacer la diferencia. . .

Al romper el ciclo de la pobreza?

En arreglar la crisis que es la educación urbana?

En la revitalización de una Iglesia que se está convirtiendo mas y mas  irrelevante para la mayoría de mi generación?

Como los discípulos en el Evangelio, he mirado mis propias ofertas magros y dijo, no es suficiente.

Pero en mi enfoque en los discípulos, en mi enfoque en mí mismo, puedo olvidar fácilmente el enfoque principal de nuestras lecturas de hoy.

Dios.

Dios trabajando a través de Su Hijo Jesucristo.

Dios que no es  inmutó por la insuficiencia de sus discípulos.

Dios que derrama sus temerario bendiciones sobre su pueblo.

No era suficiente simplemente alimentar a la multitud.

Dios va sobre  mas que eso.

Prodigando sus discípulos con una abundancia que no puede ser contenida.

Por un lado, este milagro no tiene ningún sentido. ¿Por qué Dios es tan extravagante? ¿Por qué  ser tan dramático?

Estoy seguro de que había otras maneras en que Dios podría haber alimentado a la multitud.

Por todas las cuentas, fue  demasiado.

Pero tal vez eso es exactamente el punto.

Tal vez el llamado al discipulado es un llamado a ser demasiado.

Para ser demasiado generoso.

Para estar dispuesto a dar de nuestro tiempo y nuestra experiencia para nuestros niños que necesitan tutorizado, nuestros ancianos que necesitan compañía y nuestro hogar que necesitan a alguien para que sean una comida caliente y poner un techo sobre su cabeza.

Para estar dispuesto a dar de nuestros recursos a aquellos que su  necesidades son mayor que la nuestra. Para los innumerables niños de todo el mundo que mueren cada día de hambre y de enfermedades prevenibles. Para los vecinos en nuestro propio patio trasero que luchan para pagar las cuentas.

Para ser demasiado indulgente.

Para aquellos que nos rompiedo  el corazón y traicionado nuestra confianza. Para aquellos que nos han juzgado, nos calumniado, y nos heridos. Para aquellos que han robado nuestra inocencia y nuestro futuro.

Para ser muy paciente.

Con niños inquietos  y padres ancianos. Con los adolescentes rebeldes y angustia de los veinteañeros. Con nuestros amigos prejuicios y nuestros colegas despistados.

Para ser demasiado compasivo.

Arriesgar mirase  como un tonto que nos atrevemos a escuchar y entender los que son radicalmente diferentes a nosotros.

Arriesgar ser  ingenuos al confiar en las buenas intenciones de los que fundamentalmente  desacuerdo.

Para arriesgan sentencia  junto a los que son juzgados por las decisiones que han tomado, el color de su piel, las circunstancias de su nacimiento o de la ropa que llevan.

Para ser demasiado para el bien de Dios, que está siempre dispuesto a ser demasiado para nosotros.

Y, en  hacerlo, podemos simplemente encontrar que Dios sigue trabajando algunos milagros bastante dramáticos a través de todos nosotros.    Alabado sea Dios.

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