HOMILÍA/HOMILY: Al escuchar a Dios a través de unos a otros / Hearing God Through Each Other

NOTE: This week, Fr. Brian’s homily is available both in English and Spanish. To read the English version, scroll down!

Fr. Brian Zumbrum’s homilies and reflections are posted weekly at Leaven in the World. To see the archive of all his posts, just click hereSalesian Sermons

Domingo 2º de Adviento | 07 de Diciembre de 2014

Las lecturas del domingo están aquí. Esta homilía se centra en la primera lectura y la lectura del Evangelio.

Debo comenzar con una confesión.

Yo soy horrible con las direcciones.

He estado viviendo en Wilmington durante más de un año y medio. Y, sin embargo, todavía me pierdo, a pesar de que mi viaje de casa al trabajo es menos de 10 minutos.

Razón por la cual, considero que mi GPS uno de los regalos más grandes que se han inventado.

Cada vez que la voz me dice que gire a la derecha, me siento seguro. Porque no importa lo que sucede en el medio. No importa cuantos desvíos o giros equivocados que hago. Sigo siempre encuentro mi camino a casa.

Y, sin embargo, a pesar del hecho de que mi GPS nunca me ha fallado, a veces tengo este impulso inexplicable ignorarlo.

De alguna manera voy a convencer a mí mismo que yo conozco un atajo o que recuerdo un camino más fácil.

Y lo siguiente que sé, yo soy de alguna manera en otro estado con la menor idea de cómo había llegado allí o cómo volver.

Disgustado, me conecto en mi GPS y reparar el daño de mis intentos tontos para encontrar mi camino por mi cuenta.

Gracias a Dios mi GPS siempre volverá a calcular.

Ahora, yo no podía ayudar, pero pensar en mis GPS al reflexionar sobre las lecturas de este fin de semana.

Para como la voz mecánica que ofrece direcciones, la voz de nuestro Dios resuena en estas lecturas.

Hablar palabras de consuelo, palabras de desafío de habla.

Mostrando su pueblo un camino, un camino a seguir, un camino a través de las pruebas y tribulaciones de la vida presente.

Señalando a su pueblo del mal resulta que estaban haciendo. Invitándolos a dar la vuelta y regresar a casa. Regreso a su Dios.

Y al igual que un GPS utiliza una variedad de voces de comunicarse con nosotros, Dios elige usar una variedad de voces para comunicarse con su pueblo.

A lo largo de los siglos, Dios ha hablado a través de sus escogidos.

Isaías, Juan el Bautista, Pedro, María, Jesus

Y Dios sigue hablando a través de sus escogidos. Dios sigue hablando estas mismas palabras a través de nosotros.

Como ya he compartido la semana pasada, el Adviento no es una empresa solitaria. Es un esfuerzo comunal.

Las lecturas de hoy tratan de reforzar este mensaje.

A medida que nos recuerdan la verdad de que Dios está hablando palabras de consuelo cada día a través de aquellos hombres y mujeres que Dios ha traje a nuestras vidas. Que Dios nos habla a través de nosotros.

Cuando nuestra pareja nos dice que somos hermosos, cuando estamos luchando para creerlo.

Cuando nuestro amigo dice que nos perdonan cuando todo lo que podemos ver es el dolor que hemos causado, el lío que hemos hecho.

Cuando nuestro compañero de trabajo se complementa con el trabajo que estamos haciendo, cuando nos estamos cuestionando si somos o no lo suficientemente bueno para este trabajo.

Cuando un parroquiano dice bienvenida cuando entramos en la Iglesia cuestionamiento si todavía pertenecemos. Si todavía queremos pertenecer.

Cuando un compatriota estadounidense defiende los derechos de su hermana o hermano en la plaza pública, cuando hemos empezado a desesperación de que nada va a cambiar nunca.

Entonces Dios está hablando a través de nosotros.

Pero a medida que nuestras lecturas nos recuerdan, no todos los mensajes de Dios son fáciles de escuchar.

Al igual que mi voluntad no a confiar en los GPS, nosotros también podemos negarnos a escuchar la sabiduría divina compartida por otros.

Podemos desacreditar al mensajero.

Podemos ignorar el mensaje.

Podemos racionalizar a la basura o justificar nuestras propias decisiones.

Pero al final del día, el GPS todavía volverá a calcular. Nuestro Dios seguirá hablando, a través de las voces de aquellos que nos rodean.

El ser querido que preguntas cuánto estamos bebiendo.

El colega que nos dice que estamos trabajando muy duro.

El niño que se pregunta por qué siempre estamos tan enojados o estresados.

El amigo que cuestiona la sabiduría de nuestra decisión de involucrarse con una persona que no es bueno para nosotros.

El amigo de Facebook que dice que estamos siendo odio lleno en nuestra retórica.

Depende de nosotros para escuchar. Para prestar atención a las lecciones. Para tomar el camino a casa.

Aquí estamos mis amigos en la segunda semana de Adviento. Y el viaje continúa.

Para prepararse para encontrar a Dios una vez más en el otro, como miembros del cuerpo de Cristo.

¿Seguimos escuchando? ¿Todavía estamos siguiendo? Alabado sea Dios

___

2nd Sunday of Advent | December 6/7, 2014

PROTIP: Before reading on, be sure to take a look at the Sunday readings here. This homily focuses on the first and Gospel readings.

I must begin with a confession.

I am terrible with directions.

I have been living in Wilmington for over a year and a half.  And yet, I still get lost, even though my commute from home to work is less than 10 minutes.

Which is why, I consider my GPS one of the greatest gifts ever invented.

Every time that voice tells me to turn right, I feel safe.  For no matter what happens in between.  No matter how many detours or wrong turns that I make.  I still always find my way home.

And yet, despite the fact that my GPS has never failed me, I sometimes have this inexplicable urge to ignore it.

I will somehow convince myself that I know a short-cut or that I remember an easier path.

And the next thing I know, I am somehow in another state with absolutely no idea how I got there or how to get back.

Chagrined, I plug in my GPS and repair the damage from my foolish attempts to find my way on my own.

Thank heavens my GPS will always recalculate.

Now, I couldn’t help, but think of my GPS as I reflected on the readings from this weekend.

For like that mechanical voice offering directions, our God’s voice resounds throughout these readings.

Speaking words of comfort, speaking words of challenge.

Showing His people a path, a way forward, a way through the trials and tribulations of the present life.

Pointing out to his people the wrong turns they were making.  Inviting them to turn around and return home.  Return to their God.

And just like a GPS uses a variety of voices to communicate to us, God chooses to use a variety of voices to communicate with his people.

Down through the ages, God has spoken through His chosen ones.

Isaiah, John the Baptist, Peter, Mary, Jesus

And God continues to speak through His chosen ones.  God continues to speak these same words through us.

As I shared last week, Advent is not a solitary venture.  It is a communal endeavor.

Today’s readings seek to reinforce this message.

As they remind us of the truth that God is speaking words of comfort each day through those men and women that God has brought into our lives.  That God is speaking to us and through us.

When our spouse tells us we are beautiful, when we are struggling to believe it.

When our friend says they forgive us when all we can see is the pain we have caused, the mess we have made.

When our co-worker compliments the work we are doing, when we are questioning whether or not we are good enough for this job.

When a parishioner says welcome when we step into Church questioning if we still belong.  If we still want to belong.

When a fellow American stands up for the rights of their sister or brother in the public square, when we have begun to despair that anything will ever change.

Then God is speaking through us.

But as our readings remind us, not all of God’s messages are easy to hear.

Like my willingness not to trust the GPS, we too can refuse to listen to the divine wisdom shared by others.

We can discredit the messenger.

We can ignore the message.

We can rationalize it away or justify our own decisions.

But at the end of the day, the GPS will still recalculate.  Our God will continue to speak, through the voices of those who surround us.

The loved one who questions how much we are drinking.

The colleague who tells us that we are working too hard.

The child who asks why we are always so angry or stressed.

The friend who questions the wisdom of our decision to get involved with a person who isn’t good for us.

The Facebook friend who says we are being hate-filled in our rhetoric.

It is up to us to listen.  To heed the lessons.  To take the path home.

Here we are my friends in the second week of Advent.  And the journey continues.

To prepare to encounter our God once again in each other, as members of the body of Christ.

Are we still listening?  Are we still following?  May God be Praised

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