HOMILÍA/HOMILY: Control

NOTE: This week, Fr. Brian’s homily is available both in English and Spanish. To read the English version, scroll down!

Fr. Brian Zumbrum’s homilies and reflections are posted weekly at Leaven in the World. To see the archive of all his posts, just click hereSalesian Sermons

27º domingo de tiempo ordinario | 05 de Octubre de 2014

Las lecturas del domingo están aquí. Esta homilía se centra en la lectura del Evangelio y se basa en temas de la segunda lectura.

El jueves pasado fue un día muy dificil en el trabajo.

Podría haber sido el hecho de que 15 minutos después desafié la escuela para trabajar en no llamar a cabo en la clase, se les pidió a dos estudiantes a salir de la clase para llamar a cabo.

O podría haber sido el hecho de que los estudiantes estaban jugando alrededor y uno de ellos dejó caer un libro sobre la cabeza de otro.

O podría haber sido que la mitad de la clase se olvidó de girar en su tarea

O podría haber sido que un estudiante cerró en mi clase de religión porque él consiguió una detención 2 segundos antes de que empezara mi clase.

Así que a eso de las 4:30, no pude soportarlo más. Bajé a la habitación de almacenamiento y comencé a organizar. Durante treinta minutos, me trajo orden al caos. Me aseguré de que todo estaba en el lugar adecuado.

Por primera vez en el día, yo estaba en completo control.

Y fue perfecto.

Recuerdo que pensé, ¿por qué no se enseña sea este sencillo?

¿Por qué no pueden los estudiantes simplemente hacer lo que quiero que hagan?

¿Por qué no pueden simplemente verlo a mi manera?

Si yo estaba en completo control.

Ahora, si somos honestos con nosotros mismos, creo que esta tentación de estar en control se filtra en todas las áreas de nuestras vidas.

Queremos controlar nuestros hijos y su futuro. Para protegerlos de las malas decisiones. Para asegurarse de que no hacen falta. Para ponerlos en el camino correcto, el camino que hemos elegido para ellos.

Queremos controlar nuestros cónyuges, nuestros socios. Contar con ellos para convertirse en los hombres y mujeres que queremos que sean, incluso si eso no es siempre lo que son.

Queremos controlar nuestros amigos y compañeros de trabajo. Si sólo dejaron de hacerlo. Si sólo estaban más atentos a eso.

Pero, sobre todo, queremos controlar nuestras propias vidas. Si sólo trabajamos más duro, entonces deberíamos ser capaces de doblar este mundo a nuestra voluntad.

Como yo estaba reflexionando sobre el Evangelio para este fin de semana, yo no podía dejar de verme a mí mismo en los inquilinos del Evangelio.

Para estos hombres habían trabajado la viña durante tanto tiempo que se olvidaron de una verdad fundamental.

El viñedo nunca fue suyos para empezar.

Se había encomendado a ellos como un regalo que se les llamaba a cultivar.

Estos inquilinos, sin embargo, trataron de hacerse con el control de la viña. Ellos trataron de restringir el acceso a la propia fruto de la viña, fruta que no era de ellos.

Y a su vez, lo perdieron todo.

Mis amigos, que también se les ha confiado muchos regalos que son los nuestros para cultivar.

Nuestros hijos son regalos.

Nuestras esposas, nuestros socios son regalos

Nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo son regalos

Nuestras mismas vidas son regalos.

En lugar de tratar de controlarlos. En lugar de tratar de cambiarlos. En lugar de temer las consecuencias de nuestro fracaso para controlarlos.

Vamos simplemente trabajamos para cultivar estas relaciones lo que deben asumir buena fruta.

Vamos hasta el suelo en la paciencia. Vamos a podar las vides con el perdón y la comprensión. Déjanos agua con la compasión, apoyo y aceptación. Y, sobre todo, vamos a brillar nuestro amor sobre las semillas que han sido sembradas.

Y luego encomendemos la viña a nuestro Dios.

Entregar el control que nunca fue nuestro entender.

Cuando estaba saliendo el día escolar el jueves, uno de los estudiantes llegaron a pedir disculpas. Como él me dio su sonrisa ganadora, dijo, tú sabes que yo he recorrido un largo camino.

Él no es perfecto, pero es buen fruto.

Y creo que me preferio un buen estudiante aun citio que es perfecto.

Alabado sea Dios.

27th Sunday in Ordinary Time | October 4/5, 2014

PROTIP: Before reading on, be sure to take a look at the Sunday readings here. This homily focuses on the Gospel reading and draws on themes from the second reading.

This past Thursday was a tough day at work.

It could have been the fact that 15 minutes after I challenged the school to work on not calling out in class, two students were asked to leave class for calling out.

Or it could have been the fact that students were messing around and one of them dropped a book on another one’s head.

Or it could have been that ½ of the class forgot to turn in their homework

Or it could have been that a student shut down in my religion class because he got a detention 2 seconds before my class started.

So at about 4:30, I couldn’t take it anymore.  I walked down to our storage room and I began to organize.  For thirty minutes, I brought order to chaos.  I made sure everything was in just the right place.

For the first time that day, I was in complete control.

And it was perfect.

I remember thinking, why can’t teaching be this simple?

Why can’t the students just do what I want them to do?

Why can’t they just see it my way?

If only I was in complete control.

Now, if we are honest with ourselves, I believe that this temptation to be in control seeps into all areas of our lives.

We want to control our children and their future.  To shield them from bad decisions.  To ensure that they avoid failure.  To set them on the right path, the path that we have chosen for them.

We want to control our spouses, our partners.  Expecting them to become the women and men that we want them to be, even if that isn’t always who they are.

We want to control or friends and co-workers.  If only they stopped doing this.  If only they were more attentive to that.

But most of all, we want to control our own lives.  If only we work harder, then we should be able to bend this world to our will.

As I was reflecting on the Gospel for this weekend, I couldn’t help but see myself in the tenants from the Gospel.

For these men had worked the vineyard for so long that they forgot a fundamental truth.

The vineyard was never theirs to begin with.

It had been entrusted to them as a gift that they were called to cultivate.

These tenants, however, attempted to seize control of the vineyard.  They tried to restrict access to the very fruit of the vineyard, fruit that was not theirs.

And in turn, they lost it all.

My friends, we too have been entrusted with many gifts that are ours to cultivate.

Our children are gifts.

Our spouses, our partners are gifts

Our friends, our co-workers are gifts

Our very lives are gifts.

Instead of trying to control them.  Instead of trying to change them.  Instead of fearing the consequences of our failure to control them.

Let us simply work to cultivate these relationships so that they bear good fruit.

Let us till the soil in patience.  Let us prune the vines with forgiveness and understanding.  Let us water with compassion, support, and acceptance.  And above all, let us shine our love upon the seeds that have been sown.

And then let us entrust the vineyard to our God.

Surrendering the control that was never ours to grasp.

As I was leaving the school day on Thursday, one of the students came to apologize.  As he gave me his winning smile, he said, you know I’ve come a long way.

He’s not perfect, but he’s good fruit.

And I think I’ll take that over a sparkling clean storage space any day.

May God be Praised

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